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miércoles, 13 de julio de 2011

Balance Económico de la Gestión K

El reciente acto eleccionario que finalizó con un contundente triunfo oficialista invita a realizar un análisis retrospectivo de los resultados más destacados en materia económica de la gestión K y sus desafíos futuros.

En mayo del año 2003 el principal problema que aquejaba a la economía era sin ninguna duda el desempleo. La desocupación superó el límite psicológico de un dígito en mayo de 1994, y de ahí en adelante fue convirtiéndose, por su magnitud y constancia, en una carga terrible que parecía imposible aligerar. Cuando asumió la presidencia Néstor Kirschner, el empleo era un tema no resuelto (desocupación + subocupación) para casi el 35% de la población económicamente activa. Ahora, llegando al final del primer mandato de Cristina Fernandez, la desocupación afecta al 7,3% y la subocupación a menos del 6%. Este es el mayor éxito de la Gestión K. Más allá de que cada uno puede plantear su explicación al respecto, haya sido por el "viento de cola" o gracias a las ingeniosas políticas implementadas por el modelo Nac&Pop, lo cierto es que el problema ha sido resuelto. Y por la complejidad del mismo y los efectos sociales devastadores que tiene el desempleo, es un gran logro de esta gestión.

Otro éxito de la administración K, impensado en mayo del 2003, es el de la deuda externa. Argentina tuvo a “la deuda” al tope de la agenda económica por más de 25 años. Los compromisos asumidos por el estado asomaban como una montaña enorme que la nación debería cargar sobre sus espaldas más allá de sus fuerzas, de generación en generación. No obstante, pasamos de tener una relación Deuda/PIB de más del 100% a una de menos del 50%. Más aún, si descontamos la parte de la deuda que está en manos del estado a través de organismos públicos, el ratio Deuda(Neta)/PIB es menor al 25%. Otro logro sin duda destacable.

Existen varios aspectos de la economía en los que los resultados no han sido tan alentadores. Podríamos hacer mención a la discutible política energética, con subsidios a los deciles más altos de la población. O referirnos a la controversia en torno a las medidas en materia previsional, con estatización de las AFJP, veto al 82% móvil y moratorias indiscriminadas para jubilar a gente que nunca aportó. Pero seguramente la inflación ha sido el principal déficit de esta administración.

La inflación se convirtió en el principal problema a resolver. La muy rebelde no hace caso ni al Indec ni a los controles de precios. Nadie logra domarla. Para peor, el gobierno la convirtió en un tema tabú. En consecuencia, no hay ni puede haber una estrategia oficial para combatirla. La estrategia, en todo caso, pareciera ser ningunearle espacio. Pero a la muy atrevida se le vienen cayendo un par de sotas por año y se termina haciendo espacio igual, irremediablemente.

Si pretendemos alcanzar el ideal de desarrollo económico, necesitamos de una moneda sólida que sea reserva de valor, para que la población ahorre en moneda local y este ahorro se canalice en inversiones que generen un círculo virtuoso de crecimiento, empleo y desarrollo. Para lograr esto último lo más acertado, a mi entender, es darle razones fundadas a los argentinos para que confíen en su moneda. Viene a colación entonces la definición que hace el Banco Central de Canadá de la estabilidad de precios: "La estabilidad de precios es una situación en la cual la inflación es lo suficientemente baja como para no tener un efecto sensible en las decisiones económicas de las personas".

viernes, 8 de abril de 2011

Chile y Brasil: ¿Modelos de Desarrollo Económico o de Marketing Político?

En los últimos años se han manifestado muchas opiniones favorables a seguir los pasos de Brasil y Chile, tomando a estos países como los modelos para alcanzar el desarrollo.
Ambos son considerados por las calificadoras de riesgo como “Investment Grade”, los analistas políticos los llaman “democracias predecibles” y muchos colegas (economistas) destacan que tienen políticas de largo plazo.
Ahora bien, más allá de las políticas llevadas adelante por estos países, me pregunto ¿son tan buenos los resultados que obtuvieron? ¿Corresponde mirar con tanta admiración a nuestros vecinos? Muchas veces ponderamos sobremanera la bijouterie y perdemos de vista lo concreto, lo importante. Se valora el “Investment Grade” otorgado por una calificadora de riesgo de dudosa reputación, la organización de Juegos Olímpicos y de un Mundial de Fútbol, el ingreso a la OCDE, etc. Pero ¿cuáles son los logros económicos?
En su reciente visita a Sudamérica, el Presidente de EE.UU. Barack Obama afirmó que “Chile es uno de los grandes éxitos de la región”. Pero, ¿en qué se basa para dar este veredicto? Se dice que Chile es una economía moderna y competitiva, sus instituciones sólidas y sus gobernantes serios y honestos. Muy bien, ¿y qué exporta Chile? Cobre. La actividad minera explica casi el 60% de las exportaciones del país trasandino y las manufacturas no alcanzan el 12% de participación (datos de la Organización Mundial de Comercio). ¿Cuál es entonces el éxito del modelo chileno? Tener grandes yacimientos de cobre. ¿Podemos pues, seguir el 'modelo' chileno? Tiene tanto sentido como seguir el modelo Qatarí sin petróleo.
Veamos el caso del país mais grande do mundo. Brasil tiene una composición de sus exportaciones mucho más interesante. El 39,2% de sus ventas externas son manufacturas, siendo éste, el componente más importante. Pero esa es la foto, ¿y qué ocurre con la película? Hace 10 años las manufacturas representaban el 59,1% de sus exportaciones, y esto durante los promocionados años de Luiz Inacio Lula Da Silva en el poder.
Argentina fue el único de los tres países que pudo expandir la participación de las manufacturas en las exportaciones. Algo vital si aspiramos a parecernos a los países desarrollados.
Otro aspecto prioritario a mejorar, si pretendemos acercarnos al ideal de país desarrollado es la distribución del ingreso. Brasil y Chile son dos de los peores exponentes en este sentido a nivel mundial, con coeficientes de Gini de 0,54 y 0,53 (datos del Banco Mundial). Con respecto a Chile, el Banco Mundial afirma en su página oficial que “La desigualdad sigue siendo alta... Ha habido poco progreso en el ámbito de la distribución del ingreso y las brechas de estos, sin cambios significativos en las tendencias”.
Con esto no pretendo presentar a nuestro país como modelo de desarrollo. Estamos muy lejos de serlo. Creo que lo hecho en los últimos años es absolutamente perfectible. No obstante, para llegar a buen puerto siempre es conveniente contar con una brújula que nos permita no confundir cuál es el Norte.