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jueves, 30 de enero de 2014

INFLACIÓN O DISPERSIÓN DE PRECIOS, PROCESOS DIFERENTES PERO RELACIONADOS


A priori, buscar una relación entre el fenómeno de la inflación y el de la dispersión de precios parecería no tener mucho sentido. Se trata de dos fenómenos totalmente distintos. La inflación es el aumento generalizado y sostenido en el nivel de precios, mientras que la dispersión es la brecha que puede presentarse en el precio de un determinado producto.
Por otra parte, la mera existencia de dispersión de precios supone un desafío para la ciencia económica porque no resulta racional pensar que un producto homogéneo pueda presentar más de un precio. Según la teoría microeconómica, los consumidores deberían arbitrar de forma tal que el oferente que está por encima del precio de equilibrio se vea forzado a bajarlo para conseguir clientes y finalmente confluir hasta alcanzar el nivel mínimo de rentabilidad de mercado, donde el ingreso marginal iguala al costo marginal. Pero más allá del tecnicismo, ¿quién estaría dispuesto a pagar más por el mismo producto? Este fenómeno supondría que los agentes no son racionales, o bien, que por problemas de información los consumidores no siempre logran acceder a los mejores precios.
Suponiendo que los agentes sí son racionales y que el desequilibrio se origina en las fallas que se presentan en  la distribución de la información, la solución sería entonces facilitar un mayor acceso a la misma. Podríamos incluso suponer que la respuesta a este problema se encuentra en la máxima de Lita de Lazzari: “hay que caminar”. Lo cual no es del todo errado, pero conlleva implícito un costo extra: el tiempo. El tiempo en buscar información (o en caminar buscándola) tiene un costo que, exante, no sabemos si será compensado en el precio final abonado por el producto buscado. Es una inversión de resultado incierto.
¿Qué podríamos esperar que ocurra en un contexto inflacionario con la dispersión de precios? El principal instrumento que tiene el consumidor para encontrar el precio más bajo es buscar información, lo cual tiene un costo en tiempo. Pero ocurre que en un contexto inflacionario el tiempo resulta mucho más costoso. El dinero quema y el consumidor no puede posponer la venta para recorrer otros locales o centros comerciales alternativos, ya que esta demora puede significar un aumento en el precio generado por la inflación.
De esta forma, el consumidor tiene menos herramientas para elegir por precio porque resulta más complejo determinar qué es caro y qué barato en un contexto de suba generalizada y sostenida de la nominalidad. De nada sirve recordar los precios de la última compra, ya que uno no puede determinar si la diferencia con el precio que tiene frente a sus ojos se debe al efecto de la inflación o efectivamente es que este comercio en particular está fuera de los valores de mercado. Esta situación también es percibida por el comerciante, que tiene pocos incentivos a competir por precio. ¿Para qué reduciría el comerciante su margen de ganancia si este comportamiento no es apreciado, y tal vez ni siquiera percibido por el consumidor?
Es así que resulta lógico esperar mayores niveles de dispersión de precios en contextos inflacionarios. Por lo tanto, como vemos, no hay contradicción alguna entre inflación y dispersión de precios, sino más bien todo lo contrario.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Misterio Monetario: ¿Por qué la emisión de dinero no genera inflación en EE.UU. y sí lo hace en Argentina?




La inflación es uno de los grandes misterios de la economía. Digo que es un misterio porque aun no hay consenso entre los economistas acerca de sus causas. En general, muchos economistas creemos que la inflación es un fenómeno esencialmente monetario. No obstante, eso significa que no es estrictamente monetario, sino que es un proceso complejo que obedece a distintas causas y sobre todo, lo más interesante es que las causas pueden impactar de diferente forma según el contexto.
O sea que no se trata sólo de identificar el problema y aplicar la receta, sino que también hay que estudiar en qué contexto se da el problema: cuáles son las características del país, su historia, sus instituciones, en qué fase del ciclo económico se halla, etc.
EE.UU. logró mantener muy estables los precios a pesar de haber incrementado la Base Monetaria de manera espectacular. Argentina, en cambio, ha experimentado una tasa de inflación que dificulta el buen funcionamiento de su economía, afectando las decisiones de consumo-ahorro-inversión, generando mayores conflictos sindicales y acortando el horizonte temporal.
Según datos de la Reserva Federal, la Base Monetaria de los EE.UU. se incrementó un 214% entre Ene-08 y Oct-12. No obstante, la inflación que acumuló en ese período fue del 9,6%. Argentina, en el mismo período y con una política monetaria mucho más austera, ha experimentado una inflación que supera varias veces a la registrada en la gran potencia del Norte. La conclusión que surge con naturalidad sería que "no existe relación entre la cantidad de dinero y la inflación". Creo que esa conclusión es errada y a continuación explico por qué.
El valor del Dólar está dado por la interacción entre oferta y demanda, como ocurre con muchos otros bienes de la economía. Y si bien vimos que la Base Monetaria creció a más del doble, lo cierto es que la Oferta Monetaria ha crecido mucho menos. La oferta de dinero (agregado monetario M2) de EE.UU. en el mismo período ha avanzado solamente en un 36,6%. Esto se debe a que la creación secundaria de dinero ha tenido un desempeño en el sentido contrario, reduciendo el impacto del aumento de la Base Monetaria. Vale una aclaración para los no economistas, la creación secundaria de dinero se da cuando los bancos comerciales prestan una parte de sus depósitos y el dinero nuevamente fluye hacia la economía, luego vuelve a depositarse a los bancos y otra vez una parte es prestada. Decíamos que la oferta de dinero no se expandió, y eso sucedió porque los bancos no estaban en condiciones de aumentar los préstamos, sino más bien todo lo contrario. Adicionalmente, no hay que perder de vista que el Dólar tiene una demanda que va más allá de lo transaccional. El Dólar es la reserva de valor por excelencia del Mundo. Por lo tanto, al haber más cantidad lo que se reduce es el costo de obtener el preciado billete verde, o sea que una parte del impacto se materializó en la tasa de interés, que funciona como el precio del dinero. Es así que el costo del dinero a 10 años (tasa de los bonos del tesoro americano a 10 años) pasó del 4% anual al 1,5% aproximadamente en ese período.
En Argentina, en cambio, los aumentos en la Base Monetaria impactan en los precios porque la oferta de dinero ha aumentado en la misma proporción que la Base Monetaria y porque el Peso argentino no es considerado reserva de valor. Nuestro Peso es apenas un instrumento utilizado para realizar la mayor parte de las transacciones comerciales dentro de Argentina. Si la cantidad de transacciones no aumenta, o lo hace a una velocidad menor de lo que lo hace la oferta de dinero, el resultado es indefectiblemente un impacto en los precios. La inflación, entonces, es el reflejo de la pérdida de valor de un bien (el Peso) ante un exceso en su oferta.

jueves, 21 de junio de 2012

POR LOS ERRORES EN EL MANEJO DEL DÓLAR EL BCRA TE SUBSIDIA POR VIAJAR AL EXTERIOR

La trama de marchas y contramarchas en relación a las políticas llevadas adelante para determinar un tipo de cambio determinado nos ha llevado a subsidiar el turismo emisivo.

Antes que nada, me parece que corresponde hacer una breve descripción de cómo hemos llegado hasta aquí. En una primer etapa, el gobierno decía que defendía el trabajo de los argentinos y por ende un tipo de cambio real alto (dólar caro). Sin embargo su política se reducía a limitar la caída del dólar nominal, y con tasas de inflación muy por encima de las internacionales, la apreciación real ocurrió de todas formas. En los meses previos a las elecciones, el BC regaló divisas a precios de remate para no generar "ruido" y alcanzar la victoria electoral. Finalmente, pasaron las felices elecciones y el BC cerró el grifo y no permitió que los agentes aprovechen el ofertón del siglo.

Lo más contradictorio de todo este cambalache es que hoy, y a raíz de la irracionalidad en término de medidas económicas, un argentino que desea vacacionar en el exterior puede comprar pasajes y paquetes turísticos a un dólar de $4,50 cuando el dólar paralelo cotiza a $6. O sea que el BC, único ofertante a $4,50, subsidia a quien quiere gastar su dinero en el exterior en un 30%. Una vez más: Argentina, país generoso.

Desde lo económico, lo más interesante es que el fundamento para no dejar que el dólar nominal suba es que ésto traería inflación. Ante este argumento yo me pregunto, ¿es que acaso así no hay inflación? Toda la estrategia de mantener el dólar barato se basa en un concepto errado ya que no es el aumento del precio del dólar el causante de la inflación, sino que es ésta última la causante del aumento en el precio del dólar. Freezar el dólar no evita que los precios de los no transables sigan subiendo. Ya lo vimos con Martinez de Hoz, dólar quieto con inflación alta.

La prueba más contundente la tenemos en nuestra última experiencia de devaluación. En el año 2002 el precio del dólar se multiplicó por 4 y el IPC (con el INDEC creíble) subió un 60%. ¡La inflación en el año 2003 fue del 3,5%! Conclusión: la inflación es un fenómeno eminéntemente monetario. El precio del dólar es muy importante pero no es el determinante de la inflación, sino de los precios relativos, los cuales ajustan hacia arriba, tal como dijo Lord Keynes.


miércoles, 7 de diciembre de 2011

EL CORTO PLAZO NOS ALCANZÓ


Supongo que todos los lectores conocen el cuento bíblico del sueño del Farón interpretado por José. Por las dudas lo repasamos brevemente. El Faraón soñó que se encontraba a la orilla del Nilo y del agua salían siete vacas gordas y hermosas que se pusieron a pastar en la orilla. Pero entonces salieron del agua otras siete vacas, feas y flacas, que devoraron a las primeras. Luego soñó que de una caña de trigo brotaban siete espigas hermosas y llenas de grano y tras ellas brotaban otras siete espigas, vacías y quemadas por el viento del desierto, que devoraron a las primeras. La interpretación de José no tardó en llegar: "Vendrán siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto y detrás de ellos vendrán siete años de escasez que harán que se olvide toda la abundancia en la tierra de Egipto". La respuesta del Faraón fue racional. Ahorrar en los años de vacas gordas para hacer frente a los años de vacas flacas.
Lamentablemente, esta enseñanza bíblica no ha sido tomada en cuenta. De otra forma no se entiende por qué en los años de crecimiento a "tasas chinas" que hemos tenido, no se ha ahorrado y ahora que aparecen serios nubarrones en el horizonte, nos enteramos que el dial no estaba tan bien sintonizado.
Pretender que falta resolver la sintonía fina, sería suponer que estamos bastante cerca del objetivo pretendido. ¿Y qué sería eso? Debería de ser una situación tal en la cual no haya dudas de que el país está recorriendo un sendero que lo lleva al desarrollo.
¿Y estamos camino a desarrollarnos? Hay varios aspectos de la economía que han cambiado radicalmente para bien durante la gestión Nac&Pop. La economía creció y se generó mucho empleo. También podemos resaltar la caída en la relación Deuda/PIB y el aumento de las manufacturas en la participación de las exportaciones. Si ampliamos el zoom y vemos lo que pasó en el resto de la región, la gestión no parece tan maravillosa, ya que todas las economías de la región han crecido y mejorado su situación social. Pero esto tampoco invalida los logros obtenidos, que son hechos fácticos indiscutibles.
El problema pasa porque en su momento no se previó, o no se quizo prever, el costo futuro del crecimiento que hemos obtenido hasta la actualidad y es por esto que hago mención al sueño del Faraón y la interpretación de José. Sé que hay un término que desarticula la estructura de valores del sentir progresista. El miedo que genera la palabra "ajuste" puede ser incluso superior al del más temible monstruo mitológico. Sin embargo no hay otra forma de llamarlo. Menores transferencias por quita de subsidios y suba de la tasa de interés es, acá y en la China, un ajuste.
Pero además el ajuste ha de ser necesariamente más profundo. Veamos por qué:
-Panorama fiscal: las cuentas públicas se han ido deteriorando de manera acelerada. Pasamos de subsidiar los casinos y las piletas climatizadas de Puerto Madero a tener que quitar los subsidios a la clase media, revoliarle el subte a la ciudad, reducir los vuelos de Aerolíneas, etc.
-Energía: pisamos los precios durante años y nos comimos los stocks existentes. Ahora estamos participando del mercado de hidrocarburos, pero como importadores.
-Inflación: jugamos a hacer magia. Nada por aquí, nada por allá. Pero aunque no la veamos la inflación siempre está. De esta forma nos quedamos sin moneda reserva de valor y los argentinos huyen despavoridos del peso.
-Dólar: en los años de vacas gordas, asistimos al subsidio a la compra de dólares por parte del Banco Central, que vendió dólar futuro a tasa cero y se deshizo de dólares a un precio muy por debajo del que los agentes estaban dispuestos a pagar. Y ahora directamente se cerró la ventanilla.
-Carne: ejemplo paradigmático del pensamiento cortoplacista. Nos comimos el stock ganadero y pasamos del festival carnívoro al asado de $35 el kilo.
-Inversión: defaulteamos la deuda ajustada por CER, mofándonos del mercado. A cambio, obtuvimos un pequeño ahorro fiscal de corto plazo, pero a costa de 500 a 700 puntos extras de riesgo país. De esta forma redireccionamos la inversión al exterior, y extranjerizamos las empresas locales, que venden sus activos a firmas extranjeras que pueden financianse a tasas desmorenizadas.
El cortoplacismo nos alcanzó y deberemos hacernos cargo. Tenemos dos caminos por delante:
1) Seguir buscando algún atajo que nos permita seguir consumiendo por encima de nuestras posibilidades por un tiempo más.
2) Buscar el desarrollo con proyectos de largo plazo, seriedad y crecimiento con inclusión sustentable en el tiempo, que incentive la inversión productiva y permita que afloren los animal spirits.

martes, 27 de septiembre de 2011

Dólar Futuro o la Vuelta a la "Tablita" de Martinez de Hoz


La política que comenzó a llevar adelante el Banco Central para contener el aumento de la divisa norteamericana, consiste en vender dólar futuro para no tener que vender en el mercado spot, y genera inevitablemente un deja vu con la tristemente célebre tablita de Martinez de Hoz. Aquella tuvo un resultado lamentable para la economía real y fantástico para el capital especulativo, lo cual no es un gran augurio para el proceso actual.

La elevada inflación ha herido de muerte al Peso. Esta moneda no alcanza de hecho el status de moneda, ya que no es reserva de valor y como unidad de medida y medio de cambio, su alcance es limitado. Este resultado es consecuencia de las malas políticas implementadas por el Banco Central, y sus responsables son Martín Redrado y Mercedes Marcó Del Pont.

Pero hete aquí que las decisiones en política económica que se llevan adelante en este país siempre te pueden sorprender. Cuando se hizo evidente que el aumento nominal del dólar tenía que seguir por un sendero similar al de la inflación, los agentes salieron a buscar dólares. La dolarización de las carteras, no es más que una despesificación de las mismas. La premisa es huir del Peso, porque éste ha muerto. Entonces, lógicamente, el Banco Central se vio obligado a sacrificar reservas para contener el aumento en el precio del dólar. ¿Por qué no dejar que el dólar suba? Porque el dólar en nuestro país tiene una particularidad casi única: es un bien giffen. Cuanto más sube su precio, más atractivo se hace para los consumidores, cuya demanda es preservar su riqueza.

La solución que encontró el Banco Central, siempre más cerca de la alquimia que de la economía, fue vender dólar futuro con una tasa ímplicita de 0% o incluso negativa. Explico para el lector menos ducho en el tema. Si hoy el dólar cuesta $4,24 entonces te vendo dólar a un mes a $4,24. De esta forma el operador vende dólar hoy y compra a futuro, y gana una tasa de interés del 12% anual en pesos sin riesgo devaluatorio, porque ya está cubierto a $4,24. Esto en finanzas es arbitrar, ganar sin arriesgar.

La tablita de Martinez de Hoz tenía un mecanismo muy similar, aseguraba un valor futuro del dólar, con lo cual uno podía colocar pesos a plazo fijo a tasas elevadas sin correr riesgos devaluatorios. Llamativamente, nos encontramos otra vez en una vieja y conocida encrucijada, hacer las cosas bien o seguir pateando los problemas para adelante y después vemos. Por ahora, parece que la batalla la ganó el argentinazo, "lo atamo con alambre".

jueves, 8 de septiembre de 2011

Dólar vs. Inflación: ¿ante el fin de un Paradigma y Cambio de Rumbo?


La política de "tipo de cambio administrado" que ha venido llevado adelante el Banco Central desde el año 2004 con Martín Redrado y luego continuada con Mercedes Marcó Del Pont, ha llegado a su fin.

El punto de quiebre, desde el punto de vista psicológico, se produjo el 5 de septiembre pasado, cuando se informó que las reservas del Banco Central perforaron la barrera de los U$S 50 mil millones.

Pero ¿cuál ha sido la política monetaria y cambiaria del modelo "Nacional y Popular"? Hasta aquí, lo que ha venido haciendo el Banco Central es aumentar la base monetaria, convalidando así una inflación del 25% anual. Por otra parte, la afluencia de dólares provenientes del comercio, generó una apreciación del peso en términos reales, al igual que en toda la región.

La diferencia radica en que aquí, la apreciación real del peso se produjo con inflación en los precios internos y dólar estable. Mientras que en el resto de la región, la tasa de inflación fue baja, pero con una caída en el precio nominal del dólar. En términos reales, el efecto es el mismo.

Pero en términos nominales es distinto. El planteo que suponía que la inflación en los niveles actuales "no es tan mala", quedó totalmente desvirtuado al ver el resultado que produjo a largo plazo: la destrucción de la confianza en el peso.

La política deliberada de alta inflación ha acentuado el desapego de los argentinos por su moneda. Suele decirse que "los argentinos pensamos en dólares". Lo cual es cierto, pero no por tratarse de un axioma, sino por ser el resultado inevitable de las políticas monetarias implementadas. Desde septiembre de 2004, la base monetaria se expandió en un 310% (datos del BCRA), y los precios (calculados por los entes estadísticos provinciales confiables) treparon un 215%.

No obstante este contexto de tasas de interés nominales negativas, los ahorristas no salían espantados. Entendían que colocar un plazo fijo en pesos al 10% anual con una tasa de inflación del 25%, les cerraba porque el dólar quieto les auguraba un buen rendimiento en dólares. Es así, que en el período sep. 2004 - jul. 2011, mientras el dólar se mantuvo relativamente quieto, los depósitos en pesos crecieron un 290%.

¿Por qué será distinto a partir de ahora? Porque el comercio internacional ya no es un proveedor tan eficiente de divisas y por lo tanto, el Banco Central ya no podrá sostener la brecha entre inflación y aumento nominal del dólar sin costo en términos de reservas.

La tendencia es entonces hacia una confluencia entre la inflación y el aumento en el precio del dólar. Esto aceleraría la caída de la demanda de pesos, porque la inflación ha minado una de las funciones básicas del dinero, que es la de ser reserva de valor. El resultado es que Argentina ya no contaría con una moneda, sino que lo que tendría es una cuasi moneda, que cumple sólo algunas de las funciones básicas del dinero.

miércoles, 13 de julio de 2011

Balance Económico de la Gestión K

El reciente acto eleccionario que finalizó con un contundente triunfo oficialista invita a realizar un análisis retrospectivo de los resultados más destacados en materia económica de la gestión K y sus desafíos futuros.

En mayo del año 2003 el principal problema que aquejaba a la economía era sin ninguna duda el desempleo. La desocupación superó el límite psicológico de un dígito en mayo de 1994, y de ahí en adelante fue convirtiéndose, por su magnitud y constancia, en una carga terrible que parecía imposible aligerar. Cuando asumió la presidencia Néstor Kirschner, el empleo era un tema no resuelto (desocupación + subocupación) para casi el 35% de la población económicamente activa. Ahora, llegando al final del primer mandato de Cristina Fernandez, la desocupación afecta al 7,3% y la subocupación a menos del 6%. Este es el mayor éxito de la Gestión K. Más allá de que cada uno puede plantear su explicación al respecto, haya sido por el "viento de cola" o gracias a las ingeniosas políticas implementadas por el modelo Nac&Pop, lo cierto es que el problema ha sido resuelto. Y por la complejidad del mismo y los efectos sociales devastadores que tiene el desempleo, es un gran logro de esta gestión.

Otro éxito de la administración K, impensado en mayo del 2003, es el de la deuda externa. Argentina tuvo a “la deuda” al tope de la agenda económica por más de 25 años. Los compromisos asumidos por el estado asomaban como una montaña enorme que la nación debería cargar sobre sus espaldas más allá de sus fuerzas, de generación en generación. No obstante, pasamos de tener una relación Deuda/PIB de más del 100% a una de menos del 50%. Más aún, si descontamos la parte de la deuda que está en manos del estado a través de organismos públicos, el ratio Deuda(Neta)/PIB es menor al 25%. Otro logro sin duda destacable.

Existen varios aspectos de la economía en los que los resultados no han sido tan alentadores. Podríamos hacer mención a la discutible política energética, con subsidios a los deciles más altos de la población. O referirnos a la controversia en torno a las medidas en materia previsional, con estatización de las AFJP, veto al 82% móvil y moratorias indiscriminadas para jubilar a gente que nunca aportó. Pero seguramente la inflación ha sido el principal déficit de esta administración.

La inflación se convirtió en el principal problema a resolver. La muy rebelde no hace caso ni al Indec ni a los controles de precios. Nadie logra domarla. Para peor, el gobierno la convirtió en un tema tabú. En consecuencia, no hay ni puede haber una estrategia oficial para combatirla. La estrategia, en todo caso, pareciera ser ningunearle espacio. Pero a la muy atrevida se le vienen cayendo un par de sotas por año y se termina haciendo espacio igual, irremediablemente.

Si pretendemos alcanzar el ideal de desarrollo económico, necesitamos de una moneda sólida que sea reserva de valor, para que la población ahorre en moneda local y este ahorro se canalice en inversiones que generen un círculo virtuoso de crecimiento, empleo y desarrollo. Para lograr esto último lo más acertado, a mi entender, es darle razones fundadas a los argentinos para que confíen en su moneda. Viene a colación entonces la definición que hace el Banco Central de Canadá de la estabilidad de precios: "La estabilidad de precios es una situación en la cual la inflación es lo suficientemente baja como para no tener un efecto sensible en las decisiones económicas de las personas".

jueves, 2 de junio de 2011

Objetivo: Tipo de Cambio Real Alto

Mantener el tipo de cambio real (TCR) alto, ha sido presentado como uno de los pilares del “modelo” económico del gobierno. El objetivo, claro está, fue mejorar la competitividad de la producción nacional.

Sabemos que el comercio internacional es un juego de suma cero. Todo lo que se exporta es igual a todo lo que se importa, y si un país tiene superávit comercial es porque algún otro tiene un déficit.

¿Puede mantenerse indefinidamente el TCR alto? El país que tiene un superávit comercial, genera un excedente de divisas que se vuelcan al mercado. Esto disminuye el valor de la moneda extranjera, valorizándose así la moneda local. De esta forma, se van encareciendo los productos fabricados localmente y se tiende al equilibrio comercial.

Evitar esta dinámica es una tarea compleja. El gobierno lo ha intentado. Ha seguido la política de comprar el excedente de divisas con pesos emitidos por el Banco Central. Esto soluciona el problema de la sobre oferta de divisas, pero a su vez genera otra dificultad, que es el exceso de pesos en la economía, que a su vez provocan inflación. El aumento de los precios internos, termina entonces provocando una apreciación real del tipo de cambio, porque la inflación local supera a la inflación internacional, sin que esto se refleje en un aumento nominal equivalente en el precio de las divisas.

Es así que para controlar la cantidad de pesos que se vuelcan al mercado, el Banco Central ha emitido bonos para esterilizar al mercado, o sea para rescatar parte de los pesos que emitió para comprar las divisas, y a cambio ofrece una tasa de interés. Esto representa una solución, pero que solo es sustentable en el corto plazo, porque el stock de bonos que se puede emitir tiene un límite y se compromete la solvencia del emisor (Banco Central).

En síntesis, este proceso ha elevado el stock de bonos emitidos por el Banco Central a más de 85 mil millones de pesos, y no ha sido suficiente ya que la base monetaria pasó de 34 mil millones a 172 mil millones de pesos entre mayo del 2003 y mayo del 2011, llevando la inflación del 3,5% en el año 2003 al 25% del 2010.

¿Es imposible entonces, mantener el TCR alto a largo plazo? No es imposible, pero el único modo de lograrlo es con grandes superávits fiscales, que permitan que sea el Tesoro, en lugar del Banco Central, quien compre el excedente de divisas, permitiendo que no baje el precio de las mismas ni se erosione el valor del peso por la inflación. El mecanismo para lograrlo es alcanzable, pero requiere de un cambio que conlleva una importante decisión política.

martes, 24 de mayo de 2011

LA AGENDA ECONÓMICA MÁS ALLÁ DE LAS ELECCIONES

Partiendo de la base de que es cierto que Argentina viene experimentando un proceso de crecimiento importante desde la salida de la convertibilidad, la pregunta que surge ahora es si el “modelo” está en vías de agotarse o todavía tiene margen para seguir al ritmo actual manteniendo las mismas premisas.

Lo que se observa, es que la economía ha crecido más allá de lo que lo ha hecho su potencial de producción. Cayó fuerte el desempleo y aumentó la utilización de la capacidad instalada, que en algunos sectores está al límite. Por lo tanto, para seguir creciendo es necesario elevar la tasa de inversión.

La inversión pública depende de decisiones políticas que tienen limitaciones presupuestarias, mientras que la inversión privada depende de decisiones económicas. En estas últimas me quiero detener.

¿Qué mira un inversor a la hora de tomar una decisión de inversión? Básicamente dos cosas: los flujos esperados y la tasa de descuento.

Los flujos esperados dependen del negocio, desde luego, pero también del tipo de cambio real para el caso de los bienes y servicios que se transan internacionalmente. De aquí que el gobierno ha presentado al TCR alto como uno de los pilares del “modelo”.

Por otra parte, la tasa de descuento que exige un inversor para hundir capital en el país es de las más elevadas de la región, por nuestro conocido “riesgo país”.

¿Qué política podría llevar adelante el gobierno para convencer a los capitalistas a que inviertan en el país?

Si Argentina mejorara su resultado fiscal, podría comprar el excedente de los dólares comerciales con fondos del tesoro, en lugar de hacerlo con fondos del Banco Central. Esto permitiría que disminuya el ritmo de crecimiento de los agregados monetarios, uno de los causantes de la inflación, mejorando así el tipo de cambio real, o al menos evitando que continúe el deterioro del mismo.

Asimismo, mejoraría la situación frente a la deuda, porque se cancelaría una mayor proporción de las obligaciones del tesoro con recursos genuinos, sin acudir al Banco Central u otros organismos públicos, lo cual podría mejorar la calificación crediticia del país y su riesgo soberano.

De esta forma se lograría que mejoren los dos miembros de la ecuación que toma en cuenta el inversor al momento de decidir, y podría elevarse la inversión de manera sustentable.

Paralelamente, reducir la inflación permite ampliar el horizonte temporal y mejorar la distribución del ingreso, que a su vez genera un círculo virtuoso de crecimiento y desarrollo.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Acuerdo Tripartito y Maná del Cielo

A nadie escapa que la inflación es el principal problema de la agenda económica.
Por un lado, creo que corresponde destacar como muy valorable que no sea el nivel de actividad o el desempleo los problemas de la economía argentina, porque estos últimos son mucho más angustiantes y dificiles de resolver.
No obstante, la inflación es un mal que debemos erradicar para alcanzar el desarrollo. No es posible mejorar la distribución del ingreso y crecer a largo plazo con tasas de inflación de más de un dígito. ¿Por qué? Porque la inflación acorta drámaticamente el horizonte temporal. Si bien es cierto que no hay certezas en el mundo en que vivimos, uno intenta proyectar de todos modos, y al haber inflación tan elevada, se pierde la brújula, se desconocen los precios, no podemos proyectar y por ende no invertimos en proyectos de largo plazo.
El llamado de la Presidenta a un acuerdo tripartito (empresarios, sindicatos, estado) es la típica solución peronista: sentarse con las corporaciones y decidir el futuro del país. El problema radica en que las leyes de la economía no se sientan en esa mesa.
Imaginemos que el problema en lugar de la inflación fuese la gravedad. ¿Podría el acuerdo tripartito anular la gravedad? Con la inflación pasa lo mismo. Lamentablemente, quienes llevan adelante la política económica no creen en las soluciones económicas de los problemas económicos. Prefieren respuestas ad-hoc que no dan solución.
Lo peor es escuchar a cantidad de economistas que dicen que el llamado de la Presidenta va en el camino correcto. Es falso. El camino correcto es llevar adelante políticas fiscales y monetarias compatibles con el crecimiento de la economía.
El argumento de que este acuerdo serviría para atemperar las expectativas es falso, es intentar tapar el sol con la mano, el problema no pasa por las expectativas de inflación, sino por la inflación. Sin inflación, no hay expectativas de inflación.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Inflación: solución en el ámbito de la economía o de la alquimia

La escalada en los precios del último tiempo reactivó el debate en torno a la inflación.
Se plantean tres motivos como posibles causantes del fenómeno:
1) Es una consecuencia no deseada del crecimiento
2) Es causada por los monopolios especuladores
3) Es una cuestión meramente monetaria
Ahora bien, todo debate en torno a temas económicos nos lleva al supra-debate ¿Es distinta la economía argentina al resto de las economías? ¿Somos un país distinto, sui generis, o simplemente somos necios?
Propongo que analicemos la cuestión inflacionaria para resolver este entuerto.
1) En el año 2009, la economía argentina, y más allá del Indec, ha sido una de las cinco economías con más inflación del mundo. Paralelamente, el producto argentino no se ha expandido, no ha sido una de las economías con mayor crecimiento del mundo. Respuesta del punto 1: Falso.
2) La estructura concentrada que presentan muchos mercados del país no es un fenómeno nuevo. ¿O acaso durante la década del ´90 los mercados eran competitivos? Sin embargo no hubo inflación de dos dígitos durante la convertibilidad. Respuesta al punto 2: Falso.
3) ¿Quién ahorra en pesos? ¿Quién demanda pesos argentinos? Si la demanda de pesos no aumenta en relación a la oferta, qué otro resultado podríamos esperar diferente a inflación. Entre Enero del 2005 y Diciembre del 2009, la base monetaria se expandió en un 147,9% (Datos del BCRA), mientras que la actividad económica creció un 61,0% (Datos endulzados del Indec). No cabe duda entonces que la inflación actual obedece a factores monetarios.

La conclusión es que Argentina está sujeta a las leyes generales de la economía, que las soluciones alquimistas pueden ser plausibles sólo en novelas, y que desgraciadamente “la única verdad es la realidad”.